13/3/15

El color de la magia, de Terry Pratchett. Un pequeño homenaje.


Escribo estas lineas a pocos minutos de enterarme de la noticia. Son las 16:45h del 12 de marzo de 2015. Dicen las redes sociales que Terry Pratchett ha muerto y mi corazón se ha encogido tanto que me ha dolido. No suelo ser una persona que se vea afectada demasiado por la muerte de personas que no sean especialmente cercanas a mí. Mucho menos si se trata de personas a quien no he conocido en persona. El caso de Pratchett es diferente.  Debo reconocer con partes iguales de vergüenza y entusiasmo que sólo he leído tres obras de Pratchett. Con vergüenza por no haberle dedicado el suficiente tiempo y con entusiasmo por todo lo que me queda por descubrir, un legado que es más valioso que el oro.

La primera obra que leí de fantasía fue El hobbit, sí, pero la segunda fue quizá todavía más importante. La segunda novela de fantasía que saque de una estantería fue El color de la magia. Recuerdo que, como chaval, me dejó alucinado. Mi sentido del humor era otro, no pillaba las bromas ni los chistes pero aun así recuerdo reír. Reír mucho. Y en aquella época yo era un chaval que no se reía mucho. En cierto modo, Pratchett me salvó la vida. Por hacerme reír y por darme el empujón final a esto de la fantasía.

No entendía las referencias de Pratchett en su obra, no tenía fondo de lector de fantasía por lo que no sabía que Rincewind era una ridiculización de los magos todopoderosos de las novelas de fantasía, el turista Dosflores, el héroe barbaro, El Equipaje o los dioses primigenios. Era mi primera parada en Ankh-Morpock y me quedé tan alucinado que quise saber más de esto de la fantasía. No leí más Pratchett hasta pasados algunos años. De hecho hace un par, releí El color de la magia y fue como una nueva lectura. Entendía los juegos ocultos y las afiladas bromas. Esa novela era todo un descubrimiento. Por cosas de la vida mis lecturas tomaron otros caminos y no volví a encontrarme con Pratchett. Pero este autor siempre ha estado presente en mis conversaciones de fantasía. Es más, aparecía de pronto en debates o charlas de lo más dispares. Mi pareja estuvo viviendo  cerca de Glasgow durante una temporada y yo me pegaba largos viajes visitándola. Cualquier librería que visitara en Escocia, estaba repleta de libros de Mundodisco. Estaba por todas partes y era reconfortante. Allí adquirí varios ejemplares en inglés de Mundodisco que ahora descansan en mis estanterías.


La saga Mundodisco queda cerrada. Ya no tendremos nuevas entregas de su puño y letra. Ahora toca leer y releer sus libros, no se me ocurre mejor homenaje para Pratchett que eso. Volver una y otra vez con Rincewind, Cohen el bárbaro, Yaya Ceravieja, Vimes, el Equipaje, Mort, y decenas de personajes inolvidables que están ahí, esperando a que volvamos a abrir las páginas. Esas portadas chillonas que más que rechazo provocan fascinación por su atrevimiento, como una invitación para probarnos. Las obras de Sir Terry Pratchett no entienden de fronteras y su figura es leyenda. La enorme carga filosófica, de humor afilado y satírico, con grandes consejos (la cantidad de citas que se pueden sacar de sus libros es inmensa), enormes reflexiones quedan con nosotros, para siempre. Como ya he dicho, lo mejor que podemos hacer para homenajearle es leer sus obras, y a ello que voy, ahora que he terminado de escribir estas palabras. El color de la magia fue mi primer acercamiento al autor y con sólo éste y dos libros más ha conseguido permanecer en mi memoria durante años de forma muy presente. Por ello entiendo perfetamente a mis compañeros que se han leído y releído todas sus obras. Terry Pratchett no era solo un escritor, era ese maestro, el mentor que nos da sabios consejos y gracias al cual podemos crecer y ver la vida de otro color. Gracias por todo, Terry Pratchett, maestro, amigo y compañero. No te olvidaremos jamás.

“La vida de una persona sí pasa delante de sus ojos antes de morir. El proceso se llama Vida.”


Quiero volver a Mundodisco. Lo necesito. El vacío que me ha creado esta pérdida me ha dejado una extraña sensación. He de llenar ese hueco. Volvamos pues, todos una vez más a adentrarnos en el enorme y vasto mundo portado por una tortuga y cuatro elefantes. Volvamos a las páginas de Mundodisco. 

Fuente: Fancueva