5/11/11

Sobre el derecho a pensar.

En estos días convulsos, nunca viene mal recordar palabras como las de Eduardo Galeano. Su voz poética sumada a la preciosa música de Bosques de mi Mente, a los que ya dediqué en su día una entrada, nos transportan a varios mundos. Primero lo que sientes es que te va a sumergir grandes frases para pensar y de pronto te das cuenta de que no es solo eso, va mucho más allá. Estas palabras están tan cargadas de verdades que te golpean el alma directamente. Sin entretenerme más os dejo el video, que hace bastante tiempo que ronda mi lista de favoritos, pero no encontraba ocasión para postearlo.





Aprovechando esta reflexión, paso a escribir la mía. Empecé a pensar en este post cuando salí del cine, tras ver la película: “La voz dormida”. Mi pregunta inicial fue: ¿Por qué las personas tenemos miedo a pensar diferente? ¿Por qué tenemos miedo a preguntar, a dudar y a expresar nuestras opiniones, aunque erróneas, en público?

Todos tenemos derecho a equivocarnos y por lo tanto a corregir nuestros errores. Uno no nace sabiendo, eso lo sabemos todos, o por lo menos todos los que queremos saberlo. El problema es que hay gente que lo sabe, pero no lo lleva a cabo. Prefieren hacer ver o simular algo que no son, o que no saben. ¿Por qué digo esto? Porque creo que en este país hay mucha gente que tiene miedo a preguntar, a saber cosas sobre el día a día, a asegurarse de que no es una mentira. Es mucho más fácil dejarse llevar y confiar en que todo mejorará. Pero las cosas no se arreglan de esta forma.

La curiosidad no es mala, nos nutre de información, de detalles y matices que llenan nuestra percepción del mundo donde vivimos y lo modelan bajo una argamasa de lo que vamos recogiendo. Me cabrea ver lo fácil que se nos distrae como a peleles, con cualquier cosa nos callan y nos dejan postrados en el sofá, o en cualquier otro lugar. Ya no me refiero solo a la tele, a todo ocio que no aporta ningún tipo de esfuerzo mental, y si es competitivo mejor. 

Me hizo gracia saber que una reforma del gobierno de la Alemania de entre guerras fue aumentar horas de trabajo y rebajar sueldos a los trabajadores. ¿Solución para que no  se quejaran? Una semanita de vacaciones pagadas y a callar la boca.

Yo creo que somos mucho más que eso. Cada uno de nosotros es un mundo, totalmente diferente, y necesitamos preguntar, curiosear y no dejarnos atrapar por la red de la desinformación.

Creo que se debería preguntar más y una vez satisfechos teorizar, y cuando esta teoría sea refutada, analizar el por qué, y si lo vemos adecuado, cambiar nuestra teoría a una más a nuestro gusto, siempre bajo el respeto, siempre bajo la tolerancia. 

Porque somos polvo de estrellas.