16/1/17

Apocalipsis suave, de Will McIntosh


Vaya por delante, no sé si como advertencia, o como una disculpa, que no soy un lector demasiado aficionado a la corriente postapocalíptica, y que las distopias suelen resultarme clónicas y algo pesadas de digerir. No las disfruto tanto como otras. Por lo que este factor jugaba en contra de Apocalipsis suave, de Will McIntosh (Gigamesh, 2016). Pero cuando te encuentras con una novela que destaca, ignorando por completo el estilo, género, o corriente, pues oye, uno tiene que decirlo y plasmarlo. Will McIntosh es un autor al que seguía desde hace tiempo por varias novelas concretas: Defenders, y Loves Minus Eighty, por lo que Apocalipsis suave fue una gran noticia para mí como aficionado. 

Apocalipsis suave se sitúa en el año 2023, donde la sociedad está saturada y la tasa de paro es altísima. El sociólogo Jasper malvive en Metter, una ciudad de Georgia, junto a su tribu, compuesta de varios parias sociales más como él. Como buena novela postapocalíptica (o apocalíptica), la sociedad se está derrumbando, y la policia trata de echar del centro a todos estos deshechos sociales para que hagan sus guettos a las afueras, un poco al estilo Ballard. A partir de aquí, el texto da algunos saltos temporales que nos darán a conocer la situación de nuestro protagonista en el futuro, donde directamente está tratando de sobrevivir, ya nada de malvivir, pues todo se cae a pedazos. Jasper se va rodeando de un elenco de personajes pintorescos como Ange, Sophia o Dreirde (un personaje excelente).

Es curioso el planteamiento (y supongo que de ahí el título) que McIntosh ofrece con la novela. Los personajes, y la sociedad, niegan su decadencia, aceptan su situación, y la normalizan. Un poco como el cuento del sapo y la olla hirviendo. No hay cataclismos, no hay situaciones que marquen un antes y un después. El fin llega lento, despacio, aclimatándonos a sus condiciones. Con suavidad. McIntosh tampoco se pone límites, y hace algo que suelo apreciar mucho en este tipo de obras divulgativas: lleva su idea hasta el final, la desarrolla en muchos aspectos y ahonda en ella para investigar sobre las preguntas propuestas al principio de la obra. ¿Hay límites para una civilización? ¿Cuáles son? ¿En qué lugar está el punto de ruptura? ¿Cuándo decimos basta? Por otro lado, la novela, en primera persona, nos limita el conocimiento mundial de los eventos, por lo que todo queda con un tono mucho más intimista y personal.

Como comentaba, Apocalipsis suave presenta un fin casi irremediable, y no por el motivo del mismo, sino por el modo en que sucede. Es como si los personajes se fueran deslizando hacia ese fin, pensando que "bueno, no es para tanto", pero a medida que bajan, se acostumbran a su actual estado, y así consecutivamente. Es realmente desolador el sentimiento que provoca esta novela, que contiene tantísimas similitudes a nuestra actual civilización, con, pongamos un ejemplo, el polémico calentamiento global, o la deforestación, por citar ejemplos enormes, o las crisis o burbujas económicas, por citar otro caso más familiar. Y lo que hace de esta novela sea todavía más aterradora es que McIntosh nos planta cara a cara con la desolación. Nos pone ante el vacío, y nos obliga a mirar en la negrura.