24/11/17

La carrera, de Nina Allan


La carrera es una novela mosaico, una novela que se podría comparar a un laberinto de espejos, un juego de realidades que se reflejan las unas en las otras, que convergen. Nina Allan confecciona una novela cuyo paralelismo podría ser una red de hilos entretejidos.

El libro nos presenta diferentes historias con diferentes protagonistas. Jenna, una diseñadora que vive en Sapphire, trabaja en una empresa que desarrolla guantes para controlar perros biónicos. Su historia está marcadísima por la ausencia de su madre y una infancia traumática. La segunda historia la protagoniza Christy, en Hastings, una chica que pasa casi todo su tiempo en la biblioteca escribiendo a modo de diario sobre sus vivencias del día a día. Christy tampoco tuvo una infancia fácil, y comparte con Jenna un pasado traumático. Maree es la tercera protagonista de la novela, una niña que está a punto de dejar La Granja, un centro de adiestramiento, y en su periplo cruzará el océano Atlántico, donde verá por primera vez a las ballenas.

Esta obra, que podría ser perfectamente un fix-up de cinco relatos o novelas cortas, contiene una voz narrativa y un estilo distinto para cada capítulo. Los que están protagonizados por las chicas están escritos en primera persona, mientras que los dos últimos lo están en tercera. Esto confiere un alto grado de inmersión en la primera mitad de la obra, mientras que el cambio en los dos capítulos finales aleja al lector de lo narrado. Un cambio repentino que, aunque necesario en la historia, me ha resultado chocante y debo reconocer que no conseguí volver a conectar con la novela del mismo modo que en la primera mitad. En cualquier caso, La carreratiene fuertes similitudes con otras grandes novelas fix-up de historias interrelacionadas, como las obras de David Mitchell, en las que varios personajes en distintos momentos cronológicos convergen por varias razones a menudo bastante sorprendentes.



Nina Allan juega con el lector y lo mantiene en vilo durante toda la narración, y aunque este juego de dosificar la información hasta exagerar no se ve recompensado con la conclusión de la obra, sí que genera el suficiente interés para mantener al lector enganchado a la novela. En La carrera, el ritmo no es trepidante. Sin embargo, Nina Allan intercala este ritmo de sucesos pausado con una narración incesante y que no deja de bombardearnos con información. De este modo va construyendo un mundo colorido y repleto de claroscuros. Con una tremenda sutileza, Allan va tejiendo la trama de este multiverso. Quizá la historia acabe acusando ese estilo denso y que en ocasiones divaga sin que el lector pueda ver hacia dónde va.

Cada página de la novela es un reto para el lector. Un reto para la trama de la novela. Cada página es una pequeña pieza en ese enorme puzle que cruza universos y el tiempo. La carrera es una historia sobre doppelgängers, sobre el colapso ecológico del mundo, sobre poderes telepáticos y sobre la manipulación genética. Es una novela que toca muchísimos palos, que ahonda en una gran cantidad de temas, y quizá sea esto algo que juegue en contra de la narración en diversas ocasiones. Dicen que quien mucho abarca, poco aprieta. Si sumamos toda esta cantidad de temas (la crítica ecologista, el multiverso, el posthumanismo) al arriesgado estilo narrativo de la autora, el resultado es una novela especial, arriesgadísima y de lectura pausada.

Para finalizar la reseña, me gustaría destacar la traducción de Carmen Torres y Laura Naranjo, que hacen un trabajo excelente. No es fácil recomendar La carrera: es una novela complicada, con muchísimas aristas y que cristaliza una ingente cantidad de temáticas, pero también es innegable que hace gala de una gran sutileza y elegancia.

22/11/17

Mil millones de años hasta el fin del mundo, de Boris y Arkadi Strugatski


Arkadi Strugatski y Boris Strugatski son dos hermanos escritores considerados de los mejores autores de ciencia ficción cuyo periodo de actividad estuvo contextualizado por el régimen soviético. Su obra más conocida, Stalker. Picnic extraterrestre, fue adaptada al cine por Andréi Tarkovski y es una obra referente dentro del género. Mil millones de años hasta el fin del mundo es una novela inédita que acaba de publicar Sexto Piso con traducción directa del ruso de Fernando Otero Macías.

Como tantas otras novelas de los hermanos Strugatski, Mil millones de años hasta el fin del mundo sufrió de la censura del régimen soviético de los años 70, y quizá por ello permaneció inédita hasta hoy en día en España. Es un libro complicado de catalogar o definir, es un libro personal, extraño y diferente. Pero sobre científicos chalados, sobre paranoias, conspiraciones y demás locuras, es una crítica feroz al régimen soviético, mostrando su cara más oscura y siniestra. Si habéis leído a los hermanos Strugatski sabréis que una de las características de su obra es la de mezclar escenarios y tramas oscuras con muchísimo humor. Una comedia negra con tintes distópicos con una mira crítica muy aguda.

En Mil millones de años hasta el fin del mundo conocemos al astrofísico Dimitri Maliánov que se encuentra sumergido en un proyecto científico que presupone como un gran cambio para la humanidad. Cuando está a punto de conseguir la fórmula matemática para concluir su proyecto, envía a su mujer y a su hijo de vacaciones, para poder trabajar sin distracciones. A partir de aquí la novela adopta un tono cada vez más hilarante, ya que Maliánov recibirá todo tipo de distracciones que le impedirán llevar a cabo su labor: desde llamadas telefónicas muy extrañas hasta la visita de una joven quien le asegura que es amiga de Irina, su esposa. Todo ello con vecinos entrometidos, policías que husmean, y demás. Todo ello conformará una atmósfera amenazante que irá afectando al propio Dimitri Maliánov y a su trabajo.


No son vanas las comparaciones a Kafka o Phillip K. Dick, pues en esta novela la realidad del protagonista se mezcla con hechos insólitos, todo ello para sumar en esa comedia oscura, en una novela provocativa como pocas, pero ante todo divertida. Pero con una diversión macabra. ¿Qué es real? ¿Dónde comienza y termina la paranoia? El miedo y la congoja se ciernen sobre distintos científicos, pero no saben a qué se debe. ¿Hay algo que acecha a las mentes más brillantes de Rusia?

Mil millones de años hasta el fin del mundo es una novela extraña y retorcida. Con una nota al principio donde nos avisan que la estructura de la obra puede causar confusión, nos adentramos en un viaje alucinante repleto de las chifladuras más extrañas que os podáis imaginar. Todo ello dotado de algunos de los diálogos más divertidos que he leído en mucho tiempo.

Cabe reconocer que además de divertida, la novela sabe ser angustiosa y generar en el lector esa misma paranoia que siente Maliánov. A pesar de la brevedad del texto, se trata de una novela profunda y repleta de distintas capas de lectura. Que cada lector saque sus conclusiones, yo ya he reservado fecha en el calendario de lecturas para releerla lo antes posible. Mil millones de años hasta el fin del mundo es una cebolla literaria, en la que según vas pelando capas, surgen otras mucho más interesantes. Desde luego, una obra que incita a la especulación y a la interpretación personal. Ahora tengo menos dudas sobre el motivo de su censura.

20/11/17

Fuego, de Joe Hill


Tras su paso por el Celsius 232, Joe Hill ha dejado claras muchas cosas. Que es un autor al que hay que seguirle la pista (aunque esta pueda parecer obvia). Que tiene unas ideas interesantísimas. Que dejéis de ser unos cansinos relacionándole siempre con su padre. Y que tiene un sentido del humor tremendo. Y lo cierto es que este último aspecto era algo de lo que no terminaba de estar seguro. Es cierto que Cuernos tiene una dosis fortísima de sarcasmo y de crítica (de hecho, el tono me recordó poderosamente a American Gods). Pero en Fuego quizá este tono desenfadado se diluye más con una trama apocalíptica (sí, estamos viviendo el apocalipsis, o el fin de la humanidad). Quizá siga sin sacar nada en claro, pero me quedo con esta lectura personal. Ah, que de qué estoy hablando. Pues de Fuego, la última novela de Joe Hill que acaba de publicar Nocturna con traducción de Pilar Ramírez Tello.

Fuego nos cuenta la historia de Harper Grayson, una enfermera que vive junto a su marido el brote de una extrañísima plaga a nivel mundial. Este futuro apocalíptico se rige por la epidemia de la «Escama de dragón», una enfermedad que culmina en el infectado estallando en llamas desde dentro. El punto crucial es cuando Harper se entera de que está embarazada, y su anterior forma de pensar algo fatalista da un cambio radical. Terminar con su vida antes de que la plaga la alcance ya no es una opción. Por si esto fuera poco, descubre que las primeras escamas, síntoma de la enfermedad, han comenzado a surgir en su piel. Y entonces aparece el bombero. Un hombre que sabe cómo controlar la plaga. He incluso usarla. En ese momento, Harper dedica todos sus esfuerzos a encontrar a este hombre. Al bombero. Antes de que el fuego la consuma.

Fuego es un punto de inflexión en la obra de Joe Hill. Totalmente diferenciada de sus anteriores títulos (Cuernos, NOS4A2) nos presenta un escenario clásico de situación epidémica apocalíptica. La premisa es relativamente común, pero desde el inicio vemos trazos en la historia que prometen un cambio original en la trama. Para empezar, tenemos esta rarísima y aterradora enfermedad, en la que unas escamas surgen por todo el cuerpo para, en cierto punto de desarrollo de la infección, subir la temperatura corporal hasta estallar en llamas. No quiero ni imaginar lo doloroso de todo esto. Joe Hill no se corta en presentar numerosos personajes que hilan distintas tramas que confluyen en distintos puntos de la historia. Además, cualquiera podría pensar que se trata de una novela larga, pero la estructura repleta de capítulos cortos consigue el efecto contrario, que sea una obra con un ritmo muy ágil.

Hill presenta el día a día en perspectiva, con un contraluz en el que vemos toda la suciedad y mugre que cubre lo cotidiano. El peligro de la enfermedad desata en las personas facetas que yacían latentes. Hay referencias estilo Mad Max o Waterworld, en el que una serie de fanáticos comienzan a cazar enfermos para encerrarlos y demás locuras. Es curioso como lo cotidiano comienza a convertirse en lo extraño, proceso al que asistimos a través del marido de Harper.

Todo un acierto por parte de Nocturna recuperar a este autor en su faceta de novelista que parecía derrotado tras varias obras no demasiado exitosas. Cabe destacar la alucinante edición en tapa dura con sobrecubierta que es de puro coleccionismo. Además de la traducción de Pilar Ramírez que ha logrado un trabajo estupendo, confiriendo al estilo narrativo la mayor cercanía al original posible.

Pero volviendo a la obra. Puede que el punto fuerte de Fuego sea ese pesimismo hacia la humanidad, ese «somos así y no tenemos remedio» tan de moda en series como The Walking Dead. ¿Que encontramos un campamento de refugiados? Pues nada, vamos a ver cómo nos lo cargaríamos de la forma más espeluznante posible. El extremismo del ser humano nos observa desde las páginas de Fuego, y Joe Hill nos obliga a mirarlo. A mirarnos. Y quizá lo que más miedo da es ver que terminamos empatizando con algunos personajes deleznables. Quizá lo más aterrador sea pensar: ¿y qué haría yo en una situación así?

16/11/17

El demonio del movimiento, de Stefan Grabinski


¿Dónde terminan los sueños y comienza la realidad? ¿En qué momento lo onírico agarra la vigilia y la zarandea, vapuleando nuestras concepciones preestablecidas? Valdemar acaba de publicar El demonio del movimiento, del autor polaco Stefan Grabinski, una antología de cuentos de terror repleta de mitos y leyendas. Para comprender por dónde van los tiros en la obra de Grabinski, hay que tener en cuenta que en su contexto histórico estaban de moda… no, mejor dicho, había una auténtica fiebre por los fenómenos paranormales, lo sobrenatural, los fantasmas y demás. El mundo onírico era una representación de miedos, aspiraciones y realidades.

Los relatos comprendidos en El demonio del movimiento son textos que transitan entre lo extraño, lo terrorífico y lo surreal. Pongamos por ejemplo el primer texto, un hombre que se duerme en el tren y que nunca sabe adónde va ni de dónde proviene. El revisor parece ser el mismo pero al mismo tiempo fluctuar, y el tiempo es algo tan relativo que apenas existe o, por lo menos, no es lineal. Todos estos elementos se aglutinan para formar una atmósfera inquietante, donde el lector se siente desamparado y sin control alguno de la situación. Llama la atención la estructura de los relatos de Grabinski. Pese a tener inicio, nudo y desenlace, el primero y el último parecen tan desdibujados que sentimos que nos han lanzado en medio de una historia donde no queremos estar, pero que observamos con mirada pasmada. Los hechos terroríficos e inverosímiles acontecen en contextos cotidianos, aumentando esa atmósfera de inquietud.

Una sensación persiste en todo el texto, y es el de la nimiedad del ser humano. Somos motas de polvo que viajan por la galaxia, ajenos al vasto cosmos. Los trenes, pues, forman una metáfora de lo más interesante. Grabinski, quien falleció un año antes que Lovecraft, se consideraba experto en demonología y parapsicología. Esto abre las puertas a un tema interesantísimo. En la literatura de terror, los demonios están «poco» explorados. No hablo de vampiros, ni de horrores cósmicos, sino de demonios per se. Hay textos de trasfondo satánico, pero, ¿qué hay de los demonios más allá del advenimiento del anticristo? Y es que los protagonistas del texto son criaturas demoníacas, pero no como monstruos, sino como seres con cierto poder para moverse entre dimensiones donde el tiempo y el espacio no obedece a nuestras reglas. Criaturas burlonas que disfrutan del sufrimiento y la confusión que generan en los seres humanos.


Me parece complicado mencionar algo más de Grabinski o de esta obra que Jesús Palacios no mencione ya en el prólogo de libro. Mi experiencia con la lectura ha sido más que satisfactoria, como habréis podido notar. Desde hace unos años, me interesa cada vez más el terror en la literatura, pero un terror que no tire de thriller, ni de zombis, ni de escenarios góticos (aunque estos últimos me siguen atrayendo). Por ello creo que Grabinski es un soplo de aire fresco (aunque fétido, que es demoníaco) para el género de terror. Aunque es un símil desastroso, pues Grabinski no precisamente un contemporáneo. Es digno de aplaudir que Valdemar se haya atrevido a traducir del polaco a este autor maldito, considerado el Edgar Allan Poe de su país.

Y que no se me olvide mencionar la edición. A poco tiempo que uno lleve leyendo literatura de terror, conocerá las gótica de Valdemar. Ediciones de lujo con un acabado alucinante. Tapa dura, papel color crema, corrección y traducción (directa del polaco, por Katarzyna Olszewska Sonnenberg) excelentes y mimadas al detalle, marcapáginas de seda, prólogos, introducciones y demás contenido… Qué os voy a contar. Por si eso fuera poco, la cubierta la culmina una ilustración de Beksinski acongojante y maravillosa. Esta obra es un tesoro para todos los aficionados al terror, y un gozo literario. Qué suerte tenemos de que exista Valdemar, y qué suerte tuvimos de Grabinski. Directo a material de pesadillas.