19/2/19

Herederos del tiempo, de Adrian Tchaikovsky


Herederos del tiempo (Children of Time), de Adrian Tchaikovsky (Alamut, 2018) es probablemente la novela más popular del prolífico escritor británico, y no es para menos, pues esta extensa novela abarca multitud de temas y desarrolla un gran abanico de ideas. En Herederos del tiempo, traducida por Luis G. Prado (editor del sello Alamut), asistimos a la huida de los últimos remanentes de la humanidad a través del espacio rumbo a una serie de planetas que han sido previamente terraformados. O eso es lo que se cree. Por otro lado, una segunda línea argumental sucede en uno de estos planetas donde un nanovirus ha acelerado la evolución de varias especies (en general, distintos tipos de invertebrados) para convertirlas en seres inteligentes. La nave que viaja por el espacio, la Gilgamesh, no es generacional, pues sus tripulantes están sumergidos en un sueño profundo que los despierta varios miles de años después, cuando se acercan a uno de esos planetas terraformados que podría albergar un nuevo hogar.

Esta novela de ciencia ficción utiliza tropos clásicos de la literatura de ciencia ficción, en concreto la exploración espacial y la colonización de otros sistemas planetarios con una frescura y originalidad extraordinarios. La humanidad no es una civilización super potente con capacidad para irrumpir en cualquier planeta y colonizarlo al instante. De hecho, los pocos humanos que quedan están apiñados en la Gilgamesh, y han tenido que huir a toda prisa de la Tierra, un planeta tóxico y venenoso que se ha vuelto hostil tras innumerables guerras y contaminación humana. Pero esta nave  está tripulada de forma automática para llegar a las coordenadas que un clasicista ha descubierto leyendo e interpretando información de los Antiguos. Estos Antiguos son los humanos de una civilización anterior que llegaron a la cima tecnológica y decidieron terraformar varios planetas para prevenir una posible catástrofe en la Tierra y, de este modo, evitar la extinción de la humanidad. Es decir, esta colonización espacial de la humanidad es un desesperado intento por sobrevivir (algo mucho más adecuado a nuestros tiempos), y no una mera forma de exploración y robo de recursos (algo más relativo a la ciencia ficción de los años 70).