jueves, 10 de agosto de 2017

El monarca de las sombras, de Javier Cercas



Hace años, disfruté muchísimo de Soldados de salamina. Reconozco que tendría que releer esa novela para recordar la gran mayoría del libro. Pero cuando Literatura Random House anunció El monarca de las sombras como una especie de novela heredera de la obra que le valió la fama, mi interés creció. No he leído nada más de Cercas (ni creo que lo haga), pero lo cierto es que me esperaba mucho más. Porque sino, no me explico su popularidad. Lo cierto es que me lancé a esta lectura con ganas, pero ha sido tremendamente decepcionante, no tanto por contenido, sino por forma.

Seré breve, El monarca de las sombras nos narra la historia del tío abuelo del autor, Manuel Mena, que formó parte de ejército insurgente durante la Guerra Civil. Murió en 1938, y en su familia se le comenzó a recordar como a un héroe. Javier Cercas aprovecha para revisitar y analizar su propia historia familiar y la de este personaje, situándonos en el contexto de la propia Guerra Civil. Quizá lo más chocante es que la novela, crítica, está escrita desde el bando franquista, con un tono más o menos objetivo en cuanto a los acontecimientos. La mirada es izquierdista, pero no hay condescendencia hacia ningún bando.

Javier Cercas entremezcla datos biográficos y hechos reales con ficción, y esto, que parece que a mucha gente agrada, me parece hacer trampa, porque da la sensación que cuando el autor está en un callejón sin salida, se saca un as de la manga, o se inventa situaciones y personajes un tanto manidos para resolver situaciones o hacer avanzar ciertas tramas. Ya que estamos hablando de estructura, pasemos al estilo. Y es que en general, es un desastre narrativo. Se nota, desde lejos, que el texto no ha pasado por las manos de un corrector, y mucho menos de un editor. Hay un abuso tremendo de repeticiones que convierten al texto en una lectura farragosa.

Pero quizá lo que más me ha chocado para mal, ha sido que una historia que narra uno de los momentos más claves, cruentos, y duros para la historia actual de España, no me ha dicho nada. Apenas me ha transmitido ni rabia, ni temor, ni siquiera interés. Desconozco si esto es cosa de la obra o mía hacia el propio trabajo, pero admito mi desinterés total por la obra y los personajes durante la lectura. La inmersión ha sido nula. Pero no todo iba a ser negativo. La obra es agradable de leer, tiene un cierto regusto a bestseller que hace que el ritmo sea fluido (a pesar de las repeticiones, que lo achaco a mi ojo avizor y algo enfermizo de lector tiquismiquis). Creo que las reflexiones que el autor arroja en el libro son interesantes y dan qué pensar, aunque el conjunto quede flojo y cojo. Cabe destacar que tiene algunas escenas memorables, situaciones concretas dentro del libro que me han gustado muchísimo. Esto me hace reflexionar si no será que el autor tenía buenas ideas inconexas que ha tratado de pegar con un cemento no demasiado homogéneo. En definitiva, personalmente no la recomiendo, pero tampoco soy un lector muy experimentado ni en este autor en concreto, ni en el género literario de la obra, así que os apremio a revisar más reseñas y opiniones antes de descartar la lectura. 

(No sé cómo lo hago, pero a la que trato de leer algo de narrativa general, tengo muy mal ojo para escoger y acabo con novelas aburridas y vacías, que apenas me dicen nada, pero que en la prensa ponen por las nubes.)

martes, 8 de agosto de 2017

Volver a casa, de Yaa Gyasi




Tengo pendiente esta reseña desde hace casi tres meses, y es que hay libros que es difícil afrontar en un comentario. ¿Demasiado simple? ¿Demasiado superficial? ¿Habré dicho todo lo que querría decir? Pero al final llega el momento de "si no lo saco ya, no lo saco nunca". Es el caso de una de mis últimas lecturas: Volver a casa, de Yaa Gyasi (Salamandra, 2016), con traducción de Maia Figueroa (Kelly Link, Jeff Vandermeer...). Esta novela, ganadora del PEN/Hemingway y bastantes más premios estaba en muchísimas listas de esas de "libros que no puedes perderte". Homegoing (el título en inglés) sonaba por todas partes, pero lo que hizo que ganara curiosidad para leer la obra fueron tres cosas: la sinopsis, la recomendación de una editora en cuyo criterio confío muchísimo, y la propia traductora, que me dijo: "léela, aunque sea en inglés, porque es alucinante". Y me lancé, justo en un momento en que estaba leyendo autoras como Han Kang, Chimamanda Ngozi Adichie, o Margaret Atwood, Volver a casa, de Yaa Gyasi me resultaba una lectura extremadamente interesante.

Volver a casa nos presenta una historia que va de las tribus subsaharianas y la venta de esclavos, hasta los barrios del Harlem, que trata temas desde la esclavitud y el colonialismo hasta la epidemia de drogas como el crack. Yaa Gyasi estructura su novela de una forma inteligentísima: cada capítulo es la vida de un personaje. La novela entera está dividida en dos árboles familiares, y cómo los descendientes del mismo van protagonizando la propia Historia. Por lo tanto, cada vez que termina un capítulo, vislumbramos la vida del próximo personaje, la siguiente generación. Esta estructura narrativa es arriesgada, pues puede costar empatizar con los protagonistas, y en caso de conseguirlo (que opino que gracias a cómo Gyasi cuenta la historia, no es algo demasiado complicado), estos desaparecen relativamente pronto. La propia Historia se convierte en personaje. El tiempo. Los hechos. El dolor. La esperanza. La fuerza. Yaa Gyasi no construye una obra el dolor y la pérdida, sino sobre la superación, la persistencia de todo un pueblo, la voluntad de vivir. Volver a casa, es una obra durísima, destinada a revolver el estómago de lectores, cuyo objetivo es cuestionar el establishment y el statu quo de nuestra sociedad. Pero lleva un mensaje esperanzador, de que la lucha no termina ni terminará, y hay que seguir luchando, como individuales y como sociedad.

En su capa superficial, Volver a casa es una novela histórica que demuestra una documentación muy exhaustiva, y alza una voz crítica hacia ciertos elementos, palabras y formas de mencionar o llamar a aspectos como la esclavitud, o el colonialismo. Gyasi da protagonismo, sobre todo, a las mujeres. Para ella no son las principales víctimas (que también), sino las perpetuadoras de la lucha, de la resistencia. Son el brazo fuerte en el cual se sostiene toda la sociedad. Gyasi habla de codicia, de cómo tribus africanas comerciaban con otras tribus para ganarse el beneplácito de los ingleses y al mismo tiempo enriquecerse. Pero también critica la codicia de las naciones de un modo valiente y atrevido. Sin tapujos. Con crudeza. 

En definitiva, Volver a casa, es una historia sobre historias. Un relato que narra desde lo más profundo que nos hace ser humanos y destapa convenciones y prejuicios, que ahonda en nuestros miedos, que pasa de una mujer encerrada durante meses junto a docenas más de mujeres en la bodega de un barco mientras son violadas repetidas veces, hasta una mujer que friega el orín en un club de jazz de Harlem. Entrelaza historias y momentos para confeccionar un tapiz caleidoscópico donde cada personaje es un hilo esencial. Todos formamos parte de algo, y todos estamos aquí a consecuencia de algo. Una novela para no olvidar.

Y me gustaría terminar con una pequeña reflexión sobre la traducción. Desde hace un tiempo me es casi imposible leer obras traducidas sin distraerme pensando en el método, el modo, las técnicas de traducción, o cómo era el original, qué pondría aquí. O incluso lamentarme por trabajos que podrían estar mejor en novelas interesantes. Con el trabajo de Maia Figueroa nada de esto ocurrió. Me leí la obra de Gyasi como si la hubiera escrito en castellano. Como si este fuera su idioma original. Y esto es lo que debe conseguir un buen trabajo de traducción, que te olvides de que existe tal traducción. El traductor es invisible. Maia Figueroa ha conseguido que Yaa Gyasi haya escrito en castellano. Una de las mejores traducciones que he leído en muchísimo tiempo.