8/3/16

Stalker. Picnic extraterrestre, de Arkadi y Borís Strugaski



Stalker es una novela cuyos protagonistas apenas aparecen en toda la obra. Los extraterrestres han pasado por la Tierra y se han marchado, pero tras de sí han dejado una gran cantidad de basura. O quizá no sea basura. Los stalker son contrabandistas que se dedican a entrar en La Zona, el lugar donde aterrizó la nave de estos visitantes desconocidos. Estos extraterrestres literalmente hicieron un picnic en la Tierra, dejaron toda su basura por el lugar y se largaron, como si de un turista mal educado se tratara. Para los humanos esto es un lugar de estudio y contrabando, como si de hormigas se tratara, La Zona es como un caramelo goloso para todos ellos. Basura para unos, tesoro para otros, ¿os va sonando todo esto? Gigamesh ha reeditado esta impresionante obra de ciencia ficción rusa, junto con una introducción de Ursula K. LeGuin.

Redrick es uno de los contrabandistas que se dedican a sacar objetos tan extraños como “vacíos llenos”, objetos que cuestan un dineral en el mercado negro de Harmont. A esto hay que sumarle el ambiente distópico de Harmont, donde el ejército gobierna con mano dura y los alimentos son muy escasos. Pero Redrick no tiene ninguna intención de marcharse de su ciudad. Es a través de este personaje que los hermanos Struatski nos hablan de la libertad y la felicidad. Redrick prefiere ser un contrabandista que tener un trabajo “legal”. Parece estar obsesionado por el dinero, por conseguir las mejores piezas y venderla al mejor postor, pero esto no deja de ser una consecuencia de un deseo mayor: proteger a su familia. Redrick es un personaje complejo y repleto de matices.

Entrar en La Zona significa arriesgarse a mutaciones genéticas e incluso a la muerte. Pero el material que allí se encuentre se cree que puede ayudar en el desarrollo tecnológico. Aunque en la propia novela no veamos muchos de estos avances, la fiebre por ganar esta carrera tecnológica es palpable. La Zona es un Chernobyl. Una metáfora de lo suicida que puede llegar a ser la humanidad, internándose en una zona en la que te juegas la vida constantemente. Como he dicho antes, Stalker fue censurada debido a los diálogos. Los hermanos Strugaski usan insultos y palabras coloquiales y a menudo malsonantes para construir el ambiente de y las relaciones de los stalker. Los stalker son gente pobre, contrabandistas, gente de clase baja. Son chusma que se dedica a sobrevivir robando basura de un lugar radioactivo. Cabe destacar los motes que los stalker ponen a los fenómenos que tienen lugar en La Zona, como por ejemplo el claro de mosquitos, o la pelusa ardiente.

Stalker es una novela que rompe con los clichés preconcebidos del lector casual de ciencia ficción. No hay espacio, no hay naves espaciales, no hay alienígenas. Stalker es una novela que reflexiona y critica de forma muy dura una sociedad en decadencia. Tanto es así, que cuando fue publicada por primera vez sufrió un duro golpe por parte de la censura de la Unión Soviética. En este volumen, Gigamesh se ha encargado de traducir y publicar el manuscrito original de los hermanos Strugatski en una edición con la calidad a la que estamos acostumbrados por parte de la editorial. Al contrario de lo que se pueda pensar sobre una obra rusa escrita durante la Guerra Fría y que hace una crítica directa al gobierno, Stalker se centra más en el humanismo que en la ideología política. Destino o libertad serán algunos de los temas tratados por los autores.

Stalker. Picnic extraterrestre, es una novela dura y cruda. Un canto a la búsqueda de la libertad y la felicidad. Una novela que destapa la suciedad y la corrupción del mundo y deja a la vista las heridas de la injusticia. Una novela filosófica envuelta en la carcasa de la ciencia ficción. Es una novela que narra la vida de un hombre cuyo mundo es un vertedero de chatarra alienígena, las sobras de un picnic de alguien que venía de paso. Porque en el universo no somos más que pequeñas hormigas que se lanzan sobre un caramelo perdido.