martes, 17 de enero de 2012

Rincones del Mundo [La Vall de Boí-Taüll]






 Esta vez os traigo un lugar muy especial, en el que pasé unos pocos días, pero muy intensos, en el verano de 2011. Se trata de una zona del norte de Catalunya, en los Pirineos, muy cerquita de Vielha, y los lugares de los que os voy a hablar son los pueblos de Coll, Boí, Taüll y las ruinas de Saraís. Todos situados en la Vall de Boí, salpicada con algunas de las iglesias románicas mejor conservadas y con las pinturas más impresionantes que hay en toda Europa.

Gracias a un muy buen amigo, que últimamente tengo desaparecido debido a los finales de la universidad (espero que sigas vivo bajo la montaña de libros); conseguimos alojamiento en una casa de un familiar suyo, en el pueblecito de Coll. Tengo que decir que fuimos en verano, y aún así íbamos bastante tapados del frio que hacía, aunque tengo que reconocerlo, era un frio apaciguador, un frio muy distinto al que hace en la costa. Aquel frio me gustó.



Mi musa, mi amigo A, y yo, nos pusimos en la carretera y tras 3 cortas horas de viaje llegamos a Boí, a las 23:00h más o menos. Fue una pena llegar a esa hora, básicamente porque nos perdimos muchos paisajes durante el viaje, pero no me supo mal, pues a la vuelta los vería.


Coll es el típico pueblo donde hay una pequeña casa rural, 3 chalets y 4 casas donde viven algunos payeses o currantes de la zona. Tampoco puede faltar el restaurante montañés en el probamos ciertas delicias gastronómicas de la zona. Un pueblo encantador de no más de 20 casas (y creo que exagero). Recuerdo que para entonces me estaba leyendo Bosque Mitago, y aquello hacia del lugar algo bastante mágico. Los que os lo hayáis leído lo entenderéis, y los que no os dejo aquí el post con mi opinión.

El paisaje es apabullante. Valles de color esmeralda, mañanas con una niebla de olor a libertad, cientos de sonidos y olores que cuajan a la perfección con una novela y te transportan a esos mundos en los que cuando vives en la ciudad gris, tienes que esforzarte para imaginar. Allí todo es palpable, todo está vivo, y se respira un ambiente que no quieres dejar.


Como buen estudiante de historia del arte, y en si, como buen amante de los viajes, me informé sobre el sitio antes de ir y allí cerca, en Taüll, se conservan dos iglesias románicas muy hermosas, la de Santa Maria de Taüll y la de Sant Climent de Taüll, esta última con una copia de sus pinturas en el MNAC. Nuestra visita a Taüll coincidió con las fiestas del pueblo, y toda una multitud de viajeros, pueblerinos y curiosos nos esperaba en la plaza mayor, donde delante de unas 100 personas dio comienzo un ritual bastante interesante.. Más tarde me adentre junto con mi musa y mi amigo por las calles del pueblo y sus rinconcitos, plasmando en la cámara todo aquello que me parecía curioso. Aquel día nos pilló lluvia y tuvimos que hacer una retirada estratégica, ya que la lluvia de la montaña no es tan amable como a la que estamos tan acostumbrados. El viaje de vuelta a Boí fue bastante apacible, escuchando el repiquetear de las gotas de lluvia en el metal y el cristal del coche.



Tengo que comentar una de las cosas que más me gustaron. Detrás de la casa de mi amigo, subia un sendero estrecho, utilizado por caminantes avezados, que comunica Coll con otro pueblo que esta a 20km más o menos. Una locura. Subimos una mañana a curiosear desde lo alto del camino. Después de atravesar varios arroyos nos encontramos con algo que considero bastante inspirador, os dejo unas fotos:




Tengo que decir, que lo último que pensé al verlo, fue en significados religiosos. Lo primero me pareció un objeto bastante curioso, y el musgo que lo cubría, más el círculo del centro, me recordó a esas fotos de paisajes celtas que tanto gustan cuando buscas por internet. Una belleza si me permitís decirlo.


En realidad quería hacer este post, simplemente para enseñaros esta cruz de granito enmusgada que tanto me gustó (hicimos un alto y estuvimos allí bastante rato, lástima que no tuviera lápiz y papel). En aquel viaje visitamos cientos de paisajes más, todos ellos me dejaron el corazón encogido, sin duda, un lugar al que ir si queréis escribir, o simplemente, sentir.


Las sensaciones que transmite un viaje así, son irrepetibles, muy diferentes a un viaje cultural a una ciudad, o a unas vacaciones en la playa. Viajar a la montaña, o como se le llama ahora, turismo rural, es para mí, indescriptible. Conectar con la vida de la forma en que se hace en estos lugares es maravilloso. A veces creemos que hay que viajar muchísimo para encontrar lugares así, y en realidad tenemos pequeños trocitos de paraíso escondidos a la vuelta de la esquina. No hace falta viajar a Nueva Zelanda, para ver unas montañas hermosas y unos valles infinitos. El Pirineo, es bellísimo, y si no os gusta mucho el frio, en verano, verde y con temperaturas (para mí) perfectas, el Pirineo catalán es un perfecto lugar.

Todas las imágenes están hechas por Àgata o por mi, con la misma cámara reflex, sed libres de cogerlas, siempre y cuando mencionéis la fuente. 


Dedicado a Àgata y Adi.

1 comentario:

  1. Preciosas tus fotos! Enhorabuena por tu blog.. son preciosas y me han entrado ganas de viajar.

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