14/9/15

Puerto escondido, de María Oruña


Puerto escondido es un ejemplo excelente para explicar diferentes casos curiosos que ocurren en el mundo editorial y en el mundo bloguero. Empecé a leer esta novela animado por una serie de comentarios excelentes, muy positivos y en mi opinión, críticas bien argumentadas. Pero algo olía a podrido en Dinamarca y probablemente por ello decidí hacerme con una copia de la novela. Grave error. La novela no ha durado en mis manos más de dos horas de lectura, tiempo que ya nadie me va a devolver. Y fueron dos horas para llegar a la página 100 y algo, apuntando decenas de fragmentos y notas de la que puede ser la peor novela que he tenido la desgracia de leer este año.


Esta novela se inicia con el descubrimiento de un cadáver en un caserón de Suances, en Cantabria. Oliver, uno de los protagonistas, está reformando dicha casa cuando los obreros descubren el cadáver de un bebé tras un muro. Allí se personifica otro protagonista, el detective que se hará cargo del caso. A esto se le suma un misterioso diario de alguien que relata unos hechos aparentemente inconexos con la trama principal y que suceden durante la Guerra Civil. Esto es el argumento, a grandes rasgos. Una novela policíaca que no presenta nada nuevo y que tira de un tópico recurrente en este tipo de historias fastfood, ¿todavía no os suena de nada esto del pasado familiar, oscuro, repleto de fantasmas…? Sí, de una gran cantidad de novelas, pero quizá sea por el tipo de prosa, no lo sé, a mí me trajo recuerdos a ese bestseller llamado La sombra del viento. Oliver es un personaje repleto de misterios, y para que eso no se nos olvide, la autora nos planta fragmentos como este:

“Oliver no necesitaba ninguna canción para recordar a Anna, ni a su larga melena pelirroja, lisa como la línea del horizonte de un desierto, porque la llevaba siempre consigo, como parte de su anatomía, como una herida invisible y tatuada en su torso, que no terminaba nunca de cerrar, aunque los rasgos de su rostro empezasen ya a desvanecerse, de forma inevitable.”

Empezad a acostumbraros a estas descripciones. De las mujeres sabremos su físico y su color de cabello, eso parece que las hace mejor o peores. De los hombres sabremos lo mismo, sumándole a esto el color de los ojos. Por lo menos esto ocurre durante las primeras cien páginas. Las que soporté, vaya. Y las comas, supongo que lo habréis notado, la cita anterior es una frase entera. Esta novela debería llevar una coma en el título, algo así como Puerto, escondido. Con lo de las descripciones de color de cabello me refiero a esto:

“David tiene doce años, la mirada oscura, del color de la hoja del roble en otoño, y un cuerpo delgado y proporcionado, guiado por la fortaleza y decisión de un carácter que comienza a despertar”

Y aquí más. Y comas, muchas comas:

“Ambas bellezas castañas esperan sentadas a los pies de la cama que comparten los cuatros hermanos, enfrente del dormitorio de sus padres, Benigno y Carmen.”
El estilo de María Oruña es irregular, tiene algunos fragmentos buenos, pero en general son frases inconexas, con tres o cuatro adjetivos por sustantivo, y tras ello una buena comparación con algún árbol o con algún sentimiento profundo. La trama es aburrida, y aunque la autora se empeña en forzar el ritmo, el ejército de comas ataca y no permite el avance del lector. Por eso he bautizado a esta novela como un fastfood literario, porque es perfecta para leer mientras alguien nos está hablando, mientras el traqueteo del tren transforma las letras en un borrón o mientras estamos twiteando lo buena que es María Oruña y su novela policíaca. Y esto me lleva a mi siguiente crítica. ¿Dónde están los editores de Destino? ¿Se han leído esta novela? ¿No ven que esto no es publicable? Yo entiendo que el trabajo de un editor va desde leer el manuscrito hasta corregirlo, apuntar galeradas, pasarlo al autor, volver a corregir y así hasta pulir la obra y sacar un buen producto. Esta novela que tenemos delante es un borrador. Es el mismo manuscrito que llegó al correo de los editores de Destino, y así se ha quedado. Os dejo con otro fragmento:

“Y así, en silencio, sin que haya salido aún el sol, toda la familia comienza el ascenso hacia la pequeña montaña de Masera de Castío, que, como una madre, les espera para acunarles, darles un abrazo reconfortante y un modesto susurro de calma a sus oídos.”

¿Acaso la autora no conoce eso llamado “punto y seguido”? Yo me ahogo leyendo esta frase, no puedo, mi mente colapsa. Pero os voy a dejar con dos fragmentos más que son de esos que destilan calidad literaria, pura Alta Literatura:

“El rugido de motor no suena pesado: es un caza el que se aproxima. No. Son varios.”

Y unas páginas después.


“Rugido de motores: ensordecedor. Muy cerca. ¿Los han visto? Casi con toda seguridad. Ha habido suerte, al parecer.”
Se trasca la magedia. No puedo con esta tensión, se me va a disparar el bypass que no llevo. Veréis, estos fragmentos están sacados de una serie de capítulos que representan cierto diario que alguien escribe durante el caso policial. Sabemos que es un diario por dos cosas, nos lo dice el propio autor del diario y el título de los capítulos es “Diario”. Pero cualquiera diría que esto es un diario. El estilo cambia de fragmento a fragmento, y donde primero tenemos unos aviones que rugen, pasamos directamente a un diálogo. Claro, ¿acaso nunca habéis escrito un diario con los diálogos exactos que tuvisteis o escuchasteis? Con sus comillas largas y todo. Todo muy bonito y más falso que un euro con la cara de Popeye. Esto fue probablemente lo que terminó definitivamente por sacarme de este sufrimiento de lectura, una de las peores de este 2015 con diferencia.

No, todavía no he terminado, ahí va otro fragmento digno de enmarcar:

“Había decidido que era feliz por sí misma, con su marido y sus tres sobrinas alocadas, ya que, además, su instinto maternal apenas se había dignado a asomar, salvo cuando se supo estéril, momento en que hizo leve acto de presencia, de forma fugaz y poco contundente.”
En este fragmento se nos describe a Huesos, de la serie de televisión Bones. Aunque esto no es cierto, bien podría serlo, pues la antropóloga forense es un cliché sacado de series de televisión estilo CSI. Sociópata, extraña, con cierto “amor” por su trabajo, que no es otra cosa que los cadáveres. Muy trabajado y original todo.

Os dejo con un último fragmento. Veréis lo sencillo que es corregir una novela, más si eres editor y por lo tanto tienes experiencia. Tan solo leed esto en voz alta:

“Tendrán que consultar con patrimonio – dijo, pensando en la Guardia Civil y mirando primero a Ulloa, inexpresivo, y después a Cardona, para volver a posar su mirada sobre la figura, que, grotesca, parecía burlarse de ellas, impasible.”
Quiero terminar la reseña con una crítica hacia un par de blogs donde he visto reseñas que ponían este libro por las nubes. Veréis, yo no he terminado esta novela, me ha parecido infumable, mal escrita y con una trama muy pobre y repleta de las sobras de las series de televisión que muchos nos hemos tragado alguna tarde de sábado. Pero lo que no se puede hacer es, porque tenemos tratos de conveniencia con una editorial, mentir sobre una obra. Esto no ayuda a nadie, si seguimos sin denunciar que se publiquen obras como esta, no podemos quejarnos de que la calidad literaria de nuestro país sea un bodrio. Puedo entender que estos blogs hayan recibido el libro, pero tan solo han demostrado tener muy poco criterio, por el simple hecho de quedar bien con la editorial. Yo esto es algo que no soporto, y es una de las principales razones por las que no suelo leer recomendaciones literarias en periódicos, donde el 90% de los casos ni se han leído el libro. Releo las reseñas de los blogueros de los que os hablo y veo que hablan muy poco del libro, son críticas vacías que dicen muy poco a la vez que parecen decir mucho. Pero supongo que hay un público que lee este fastfood literario y con cuatro palabras bonitas sobre la obra tienen suficiente para lanzarse a devorar la novela. En definitiva, una obra que demuestra la deficiencia en ciertas editoriales y en el trabajo editorial. Una novela que podría haberme gustado de haber estado bien escrita.